La historia de Delfi y Pedro

Delfi, una chica de 23 años, viajaba ansiosa a Jericoacoara para tener unas vacaciones a puro kitesurf con su novio Pedro. Los esperaba un paraíso de arena fina y construcciones rústicas, un pueblo de 19.000 habitantes, caracterizado por lo pintoresco de sus calles y, entre otros atractivos, lo mágico de su atardecer en la Pedra Furada, una de las postales más características de la zona.

Al llegar al aeropuerto de Fortaleza, Pinto Martins, comprobaron que sus valijas no habían llegado a destino y con Pedro recordaron que podían reportar la pérdida del equipaje, a través de la App de la asistencia al viajero que tenían contratada. Luego de cinco minutos recibieron un llamado tranquilizador, en donde los asesoraban sobre cómo proceder y les informaban que sus valijas llegarían en el siguiente vuelo. Ahora sí, la aventura había comenzado.

Como no habían comido desde su salida de Buenos Aires, localizaron con la misma App, un pintoresco restaurant para almorzar, en el municipio de Itarema, entre Fortaleza y Jericoacoara.

El cielo estaba despejado y el calor empezaba a incrementar, un jugo de frutas con bastante hielo era la mejor manera de continuar un día a puro kitesurf.
Delfi comenzó con algunos dolores estomacales y náuseas: el sanatorio más cercano estaba a 160 km y, dadas las condiciones de la ruta, tardarían al menos tres horas en llegar. La central operativa de OMINT Assistance les recomendó utilizar el servicio de consulta médica por videollamada, lo que les solucionó el tema de la distancia y el idioma (¡ninguno de los dos sabía portugués!).

Una vez conectados desde su computadora, el médico les comentó que los síntomas eran muy frecuentes en viajeros que visitan Brasil e ingieren agua corriente en cualquiera de sus estados. Dieta y un medicamento de venta libre fue la indicación para solucionar el problema.

Al día siguiente, si bien pudieron disfrutar todo el día y realizar caminatas por las dunas, la mala pasada fue para Pedro. Cuando estaban viendo el atardecer sobre el mar, decidió buscar la última brisa con su kite, con tan mala suerte que la tabla golpeó su tobillo. Pedro volvió con dificultad hasta la posada. Al ver lo inflamado que estaba, sin dudarlo, volvió a llamar al médico online, quien pudo ver el cuadro con sus propios ojos. Al confirmar que no había hematoma, con un poco de hielo e ibuprofeno pudo sentirse mejor sin mayores inconvenientes.

El último día de sus vacaciones decidieron no hacer deporte e ir a visitar la Laguna Azul. A las 10 de la mañana los buscó un Buggy. Luego de 20 minutos, llegaron a disfrutar de la hermosa vista y se sentaron en una mesa del parador en donde podían tocar el agua con los pies. Reflexionaron sobre sus movidas vacaciones y los dos coincidieron en que había sido un viaje que iban a recordar siempre y que gracias a la tecnología todo había sido más fácil.