Heridas por corales

La práctica de actividades deportivas o de ocio en el ámbito marino (baño, pesca, submarinismo, surf, jet-ski, etc.), aparte del placer que comporta, genera también riesgos para la salud, como el accidente traumático, el ahogamiento, la quemadura solar o el golpe de calor y las incidencias ocasionadas por la flora y la fauna existente en dicho hábitat, entre los que destacan el contacto con medusas y las picaduras por peces dotados de aparatos inoculadores de tóxicos como el pez araña, la escórpora, la raya, la actinia o la anémona. La distribución de estos seres vivos no es uniforme y las especies, que varían según los diferentes mares y océanos de nuestro mundo, generan en ocasiones intoxicaciones graves e incluso fatales.
Un hecho a destacar es el aumento de los accidentes causados por el encuentro con organismos marinos exóticos, a consecuencia del incremento del turismo en zonas tropicales, por el denominado turismo de playa y la creciente práctica de deportes acuáticos, como el submarinismo con equipos de buceo autónomo o sin ellos (snorkelling).

Por lo cual, el viajero debe seleccionar cuidadosamente el plan de Asistencia al Viajero que va a tomar para cada viaje en particular, en función de las actividades a realizar y el nivel de riesgo de cada una, destacando que los deportes acuáticos, tanto de inmersión como de superficie, están dentro de los que merecen mayores coberturas.

La belleza de los arrecifes de coral atrae a los buzos y nadadores. Muestras de corales de tonos vibrantes y formas curiosas integran los jardines acuáticos con una diversidad abundante. Sin embargo, a pesar de la belleza del arrecife, es mejor abstenerse de la tentación de alargar la mano y tocar, incluso si estás usando guantes. Aproximarse a los arrecifes sin tocarlos es lo mejor, ya que el contacto humano puede ser tan peligroso para el ecosistema de coral como éste puede ser peligroso para los seres humanos. Los corales son seres vivos, por lo que la interacción con ellos no es indiferente para ninguna de ambas partes.

En esta oportunidad, nos enfocaremos en el daño que estas especies, al defenderse, nos pueden provocar a los humanos:

Laceraciones y abrasiones

Las lesiones comunes relacionadas con los corales son cortaduras y raspaduras obtenidas ya sea por ser accidentalmente arrojado al coral por una corriente oceánica o fuerte oleaje o por el contacto físico deliberado. No sólo son como cuchillas afiladas capaces de crear laceraciones profundas y graves, sino que algunas variedades son tóxicas al tacto y potencialmente mortales. Si te ocurre, asegúrate de limpiar cualquier herida con jabón y solución salina neutra o agua, incluyendo un rociado de agua oxigenada, lo que ayuda a destruir cualquier resto de materia biológica y luego, aplica pomada antibiótica y un vendaje. Luego de practicado estos primeros auxilios, es conveniente una consulta al médico que proporciona tu seguro de Asistencia al Viajero.

Dermatitis por coral

Las raspaduras de coral tienen tendencia a convertirse en irritaciones crónicas. Así es que pueden transformarse en dermatitis crónicas. Se supone que es porque los pequeños trozos de coral que quedan incrustados en la herida tienen efectos tóxicos y alérgicos persistentes. Se debe proceder como en el caso anterior, además de aplicar la vacuna antitetánica y observar si comienza la cicatrización. Si esto no ocurre en 24-36 horas es conveniente concurrir al médico. En algunos casos, puede ocurrir una hiperpigmentación que será mejor tratada por un dermatólogo. En cualquiera de ambos casos, una consulta inmediata con el servicio Médico Online de tu seguro de Asistencia al Viajero será suficiente para obtener un adecuado diagnóstico y tratamiento.

Intoxicación e infección

Los arrecifes de coral son colonias de criaturas con exoesqueletos calcáreos u óseos, que a menudo cuentan con ángulos afilados o salientes, así que no es raro que los nadadores y buceadores sufran laceraciones después de hacer contacto con los arrecifes. Una vez que la piel se ha roto, “el envenenamiento por corales” se caracteriza por ronchas rojas con picazón que se desarrollan a medida que los capilares se inflaman, y pueden sentirse en cuestión de minutos. Además de los efectos secundarios menores, como dolor localizado y fiebre relativamente baja, el envenenamiento por corales puede avanzar a la celulitis ulcerosa y la descamación de la piel alrededor de la herida, que puede tardar hasta tres a seis semanas en sanar. En casos raros pero muy graves, puede conducir a la necrosis del tejido alrededor de la herida, en última instancia puede resultar en sepsis (infección de la sangre) o una infección grave. Para evitar complicaciones, es aconsejable acudir en forma inmediata a una consulta médica mediante nuestro Seguro Médico de Viaje.

Corales muy peligrosos

Algunos tipos de corales son innatamente peligrosos, ya que utilizan venenos o toxinas como mecanismos de defensa. El coral de fuego se encuentra en los arrecifes de todo el mundo. Por lo general, tiene un color marrón claro con pequeñas puntas que parecen dedos que son unos tonos más claros, su aspecto es bastante inofensivo y benigno. Esta especie posee miles de pólipos de pelo fino miniatura, con una abundancia de células urticantes.
El coral de fuego no es precisamente coral, pero se encuentra dentro de la misma familia. De hecho, tomando en cuenta las consecuencias de tocarlo, tiene una relación más cercana con las medusas que con los corales. Es bastante común que se confunda el coral de fuego con las algas marinas, así que debés tener sumo cuidado. Si es de un color amarillo brillante, tirando a verde y con un tinte marrón, lo más probable es que sea coral de fuego.

El coral de fuego es un animal celentéreo perteneciente al orden de Milleporas. Entre las diferentes Milleporas destacan M. alcicornis, que se encuentra en el mar Rojo y en las aguas tropicales del Pacífico; M. tenera y M. platyphylla, que se encuentran en Tailandia y en el nordeste de Australia, y M. dichotoma, que se detecta en el mar Rojo, en el golfo de Aden y en aguas tropicales del Indo-Pacífico. Los millepóridos son hidrocorales pertenecientes a la clase de los hidrozoos y se caracterizan por formar colonias calcáreas, sobre todo en aguas tropicales. Se encuentran a muy poca profundidad, generalmente en el límite de la barrera coralina costera, y a veces emergen durante la marea baja. Al estar muy cerca de la superficie y de la playa, su hábitat coincide con las zonas más visitadas tanto por los bañistas como por las embarcaciones que llevan a los turistas hacia zonas donde pueden observar la fauna marina. La agradable temperatura de las aguas tropicales hace que, cuando las personas entran en el agua, raramente tomen medidas de precaución, y un simple rasguño con los corales puede causar una lesión importante.

El tejido del coral de fuego está repleto de unas estructuras pequeñas denominadas nematocistos, que, cuando se tocan, se disparan, penetran superficialmente en la piel y liberan unas toxinas compuestas por cadenas de polipéptidos de elevado peso molecular, cuya composición varía según las especies, y que generan una sensación inmediata de quemazón y una erupción cutánea urticariforme, con intenso prurito. Unas 6 h más tarde pueden formarse ampollas que se resuelven en forma de pápulas y placas violáceas en forma de estrías. Recordar que, al entrar los corales en contacto con la piel, pueden incorporarse debajo de la epidermis pequeños trozos de su exoesqueleto y también pueden quedar restos de tejido vivo que contiene nematocistos que pueden descargar su veneno inflamatorio en ese mismo momento, o bien horas o días más tarde. El tratamiento consiste en la aplicación tópica de corticoides y antihistamínicos por vía oral, pero las lesiones pueden mantenerse varios meses, dependiendo del número de nematocistos descargados y de la sensibilidad de la persona. La recuperación completa es la norma habitual, pero durante meses pueden persistir máculas hiperpigmentadas de tipo residual. Excepcionalmente, las lesiones ocasionadas por el coral de fuego se pueden infectar y, en casos extremos, podrían ocasionar una necrosis de la zona afectada. Cuando se viaja a otros países y se realizan actividades deportivas en las que se puede producir un contacto con la fauna marina, deben tomarse medidas preventivas para evitar este tipo de accidentes y, en caso de que se produzcan, se aconseja recurrir de inmediato a una consulta médica que proporcione tu Seguro de Asistencia al Viajero e iniciar un tratamiento sintomático lo antes posible para reducir el riesgo de secuelas.

Prevención

La historia de nuestra relación con los corales está plagada de diferentes actitudes hacia estos seres vivos, cuya consecuencia casi siempre termina siendo dañina para ellos o para nosotros.

La contaminación de los océanos, la invasión turística sin controles de las aguas tropicales y la falta de respeto en algunos mares (hasta explosiones nucleares en islas coralinas), ha hecho que estas criaturas (que tardan mucho en volver a crecer) se vean afectadas en su desarrollo y se hayan extinguido en muchas zonas. Iniciativas diversas están tratando de cultivar corales artificiales para desviar el turismo hacia ellos y proteger el ecosistema natural.
Por esta razón y por el hecho de que muchas veces su contacto es peligroso para el ser humano, nuestra mejor recomendación, si vas a sumergirte en aguas de coral, es: “MIRAR Y NO TOCAR”.

La experiencia de ver el espectacular jardín de corales de los arrecifes nunca será superada por la tentación de tocarlos o pretender llevarnos un pedacito de su vida.

¡Llevate una fotografía! Y dejá los corales allí para que sigamos disfrutando de su existencia.

 

Dra. Norma Sanfeliz
Especialista en Salud Pública
MN: 63.946

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